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EL JARDIN A DISTANCIA: versiones y reediciones en pandemia

Actualizado: jun 9

Analía Quiroz

Revista DONES

Junio 2020

1° entrega

Presentación

A riesgo de saber que brotan palabras en un estado espontáneo, todavía crudas o muy calientes, escribimos estas palabras con una carga una fuerte carga reflexiva y con una profunda necesidad de registrar lo que nos sucede, escribimos este artículo a modo de reflexión para iluminar o apenas espiar la enseñanza por estos días cargados por el aislamiento social. Días de inusitada intensidad, que se articulan en semana o quincena, que dependen de las noticias del ámbito de la salud, donde la economía presenta una pausa, mientras que la tecnología invade la vida, incluso a los “no creyentes”. Estamos viviendo una experiencia inédita, la escuela vive una experiencia inédita y sobre esto queremos poner palabras.


Primeras reacciones

El viernes 13 de marzo recibimos, en Argentina, la noticia que las escuelas no se abrirían el próximo lunes. Esta gran noticia dicha en pocas palabras desató una serie inusitada de primeras reacciones. Las previsiones hechas en febrero y las primeras planificaciones empezaron a rodar como un modo de poder paliar la comunicación y los encuentros que ya no se darían.

La vida cotidiana de las familias y el cotidiano escolar se transformaron, pero también se reeditaron algunos tópicos muy presentes del quehacer de la educación infantil. Sobre ellos queremos conversar:


1. El diálogo entre el jardín y la familia: la comunicación y los peligros del control y la saturación. La retroalmientación.

2. Los fantasmas didácticos del pasado presencial: el aprestamiento, el preescolar y las actividades descontextualizadas.

3. El velo de la pedagogía: las políticas pedagógicas y la urgencia por enseñar

Iremos compartiendo nuestras reflexiones en tres entregas.


  1. El diálogo entre el jardín y la escuela: la comunicación y los peligros del control y la saturación. La retroalimentación.

Un jardín que se hace a la distancia pone en jaque esta idea que entrecruza -desde los inicios de la escolaridad obligatoria- el ser alumno y el ser hijo. En los hogares, sabemos, no hay alumnos hay hijos y, probablemente, de varias edades. Por ahí, se escucha decir, en las casas se armaron grupos multiedad, casi como una escuela multinivel que solemos encontrar en el ámbito rural. Es una imagen que nos ayuda a representarnos de qué manera se podría estar dando la escena escolar en los hogares. Imagen que se nos hace trizas cuando sabemos que allí no hay maestros, aun cuando la madre o el padre sean docentes. La lógica del tiempo escolar y el familiar, las características de los espacios de los hogares y de las salas, los materiales u objetos a disposición en las casas y en los jardines difieren enormemente. Por esta razón, nos vemos a obligados a pensar y crear otras formas de enseñanza. Fue así como, algunas de las primeras reacciones fueron apelar aquello que teníamos o sabíamos usar: la comunicación por whatsapp, grupos de Facebook, llamados telefónicos. La intimidad o la informalidad que suelen brindar estos dispositivos se reconvirtieron, sin negar la tensión, en el canal de comunicación privilegiado entre las familias y las escuelas.

Pero para qué nos comunicamos, cuál es el sentido y la forma de esa comunicación. Llegar a los niños, ahora, es sí o sí a través de las familias, son nuestro canal directo o, a veces, nuestra interposición. En cada forma de acercarnos, se deja transparentar la cultura institucional construida en cada escuela ya sea que nos estamos comunicando para controlar, para acercarnos, para dar órdenes o consignas, para acompañar, para sostener el lazo.

Si todos los días las maestras se conectan o se comunican con las familias podemos hacer un ejercicio de multiplicación. Una familia con tres hijos en edad escolar puede estar recibiendo alrededor 15 llamados/mensajes por semana. Cuenta que no discrimina si uno de esos hijos está transitando la escuela secundaria. Hagamos memoria y pensamos cuándo en nuestras vidas mantuvimos tantas y tan seguidas llamadas con alguien. Por ahí, también se escuchó la voz de una madre de 7 niños que optó por no volver a atender el celular porque ya no podía con la cantidad de mensajes escolares que recibía. Su nivel de saturación había llegado al máximo; se entiende. Entonces, cómo dialogamos con las familias sin saturarlas y dejando el espacio para que queden ganas de escucharnos; ese es el desafío. A través de la comunicación, también cuidamos.

Si la frase de estos tiempos es “la escuela no se puede hacer en espejo” -a la distancia o en la virtualidad- por qué insistimos en una comunicación reiterativa, hastiada e insistente que solo provoca malestar, distancia y, hasta a veces, rechazo. Hay una traducción imposible de realizar: el acto de enseñar con su especialidad didáctica-pedagógica. Las familias no pueden ni deben asumir la tarea de enseñar; la familia educa, se dedica a la crianza. La enseñanza sistematizada, planificada con intención pedagógica es otra cosa. No debemos olvidarnos de eso.


En ese diálogo tensionante que suele darse entre la escuela y a familia toma otros matices cuando hablamos de la escuela privada y cuando ampliamos la mirada hacia el conjunto del sistema educativo. Dos cuestiones nos hacen repensar el lugar del Nivel Inicial en el conjunto de la educación y el sentido y reconocimiento que hace del mismo al interior de las familias. Van dos reflexiones al respecto. La primera tiene que ver con la demanda que las familias suelen hacerle a la escuela privada para hacer valer la cuota que pagan o, en otras palabras, la cantidad de actividades que reclaman los dueños de las escuelas privadas sobre su personal docente para justificar el sueldo que pagan. Aquí, se contraponen dos sentidos diferenciados en el hacer escuela y tener escuela que son parte de nuestro sistema. No queremos generalizar, pero el rasgo privado, o mercantilista, de la educación hace que lleve a cuantificar la cantidad de actividades o comunicaciones que se hacen con las familias porque permite dar cuenta que se continúa trabajando.


Los recursos materiales son escasos o pocos y variados en las casas. Las madres comentan que los niños no quieren quedarse sentados para hacer la “tarea”, que una actividad la hace pero que la siguiente ya se escapa, que lo que propone el jardín se puede hacer recién después de las 20.00 hs. cuando los hermanos resolvieron las tareas de la secundaria o de la primaria o porque el dispositivo está libre cuando llega papá del trabajo. Algunas familias, aquellas que se representan como “antipantallas” -tal como fue descripto por una maestra- se vieron enfrentadas a su propios miedos, creencias o prejuicios y sobre esto el jardín también tuvo que pensar y repensar su estrategia de comunicación y acercamiento. Muchos más de este tipo de comentarios seguiremos escuchando por estos tiempos.


No tenemos las respuestas o el modo ideal de comunicarnos. “No se” puede que sea la frase que más se haya expresado, tal como lo representa Tute en su chiste. Pero ese “no se” puede que sea el inicio para empezar a pensar y construir lo nuevo, lo inédito, lo propio. Vamos construyendo en el mismo momento que se construye el diálogo con las familias y buscamos sostener los vínculos y el acercamiento afectivo que, luego será la base para las cuestiones pedagógicas.


El próximo desafío es plantear los mecanismos de retroalimentación. Qué respuestas estamos recibiendo de las familias, sobre qué actividades sabemos que los chicos están participando mayormente, cuáles son las que dejan de lado, cómo hacemos para que haya intercambio entre los compañeros y que la comunicación no solo sea radial (desde la maestra hacia los hogares y viceversa), en qué soporte material se da la retroalimentación (audios, fotos, dibujos, cartas, objetos, otros), cómo clasificaciones lo que recibimos, cuál es nuestra devolución de lo que recibimos y de los que no recibimos nada qué hacemos; así podríamos seguir listando tópicos para pensar la retroalimentación. Seguramente los jardines tendrán más.


Cuidamos y enseñamos es una premisa que el Nivel Inicial tiene presente hace ya mucho tiempo. Crianza y educación quizás sea el binomio más representativo de un clima hogareño. Sobre estas bases, la escuela tiene la posibilidad de reeditarse en pandemia.



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