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EL JARDIN A DISTANCIA: versiones y reediciones en pandemia 2° entrega

Analía Quiroz

Revista DONES


Se reavivan fantasmas didácticos


La construcción de la identidad pedagógica de la Educación Inicial sigue siendo un camino a transitar, con discusiones abiertas, consolidando algunas posturas, pero tambaleando aún en otras. Cuando decimos consolidando algunas posturas hacemos referencia a la alfabetización cultural y los desarrollos personales y sociales que los jardines promueven al abrir sus puertas. La alfabetización cultural, concepto acuñado por Zabalza, entiende que las propuestas educativas destinadas a niños que participan en propuestas institucionales -diseñadas pedagógica y didácticamente- se conforman a partir de poner a disposición contenidos de alto valor cultural que la sociedad decide transmitir. No hablamos de contenidos, en el sentido estrictamente curricular, sino como formas de experiencias que los niños son invitados a transitar, vivenciar, compartir, esta... vivirlas.


Entonces, por qué hablamos de que se reavivan ciertos fantasmas. Por un lado, porque todo aquellos que hagamos en este tiempo de pandemia no puede ir en contra sobre aquello que supimos construir en términos didácticos. Nuestras decisiones sobre la enseñanza no pueden distorsionar los sentidos y la especificidad que implica enseñar a niños pequeños. Postura que actualmente sostenemos y defendemos por estar apoyada en las últimas investigaciones y logros académicos propios de la pedagogía de la educación infantil. Lo que queremos decir es que un firme y riguroso “foco didáctico” hará que a la vuelta de la apertura física de los jardines no tengamos que desandar caminos que ya habíamos abandonado.


Nos referimos al aprestamiento, la primarización, el activismo, los estereotipos, entre otras cuestiones. Estos serían algunos de nuestros fantasmas que corremos el riesgo de reavivarlos. Cómo se presentaron estos fantasmas: en forma de ejercicios, en algunos cuadernillos o fotocopias. Fantasmas que evocan a la biografía escolar -de los adultos, obviamente- porque nuestros niños aún no tienen la “mente escolarizada”[1]. Probablemente, aquellos que hoy estén acompañando a realizar las actividades que llegan desde el jardín estén apelando a sus representaciones sobre lo importante o serio de la escuela tradicional; entonces evoquen a experiencias controladas, monótonas y repetitivas. No podemos culparlos, las familias hacen lo que pueden y saben; acompañan. Pero sí lo que podemos es cuidar nuestras propuestas de enseñanza para evitar caer en el entretenimiento, los pasatiempos o las manualidades.


¿Qué fantasma reaviva esta imagen?


La tarea de enseñar y la profesión docente no es un lugar fácil. Convivimos con la inmediatez y la rigurosidad, con la exigencia y la amorosidad, con el discurso curricular y el sentido común, con los contenidos priorizados y la presión social, con la tensión entre lo micro y lo macro, con mensajes diferenciados para los adultos -sus familias- y los niños. Sobre este universo complejo nos topamos cuando se inició el aislamiento social.

Mientras podemos afirmar, contundentemente, que el preescolar no existe; y no existe porque dentro de los marcos legales, normativos y curriculares no hay referencia alguna sobre el mismo, las prácticas fantasmagóricas reaparecen, nos persiguen y corremos el riesgo de que se instalen. No es problema que una madre, abuela o hermano mayor invite a nuestros niños del jardín a copiar palabras, repetir en tres renglones las vocales, o a recortar letras, que probablemente lo hagan las familias. Ya lo sabemos: el hogar no es la escuela, la familia no es la maestra (aunque hubiera alguna en la casa); pero hace falta repetirlo. El problema aparece cuando un profesional especializado en educación infantil ofrece opciones para aprender a partir de ese tipo de actividades, que se suma al broche de oro “mandame una fotito”. Cuidemos nuestro trabajo, nuestro saber experto; los tiempos son difíciles para todos. El aislamiento cansa, el teletrabajo agota, las reuniones virtuales invaden el tiempo pero ninguna de estas situaciones pueden ser el justificativo para una “mala praxis pedagógica”. Cuando sintamos el agobio, cuando notemos la saturación de la escuela volvamos a lo principal: mantener el lazo con los chicos, un lazo que es afectivo y pedagógico a la vez. Y quizás solo se resuelva, en un mensaje de acercamiento, que dice mucho más de nuestra pedagogía que una catarata de actividades.


Foto provista para una madre cuyos hijos iniciaron 1° grado

y su celular tiene la pantalla estallada


El colectivo docente, de nuestro país, inmediatamente salió buscar formas de enseñar para llegar a sus alumnos, que de un día para el otro (y no es una frase hecha) ya no estaban con nosotros. Así, se armaron o retomaron los grupos de whatspp con las familias, se fortaleció el vínculo con un referente de la sala, se armaron grupos cerrados de Facebook, se actualizaron blog o se crearon y también, se enviaron cartas y mensajes escritos en papel, se organizaron participaciones en las radios locales, se armaron cuadernillos, se distribuyeron materiales didácticos y juegos, se colgaron carteles en los negocios de cercanía. Queremos invitarlos a escuchar en voces de tres docentes cómo sienten ellas qué es ser docente en pandemia.


Cuando proponemos “conversar sobre las figuras geométricas” qué nos estamos imaginando que sucedería en esa conversación. Ahora, las invitamos a “conversar sobre nanotecnología”, qué creen que podemos decir, seguramente, sería muy divertido porque nos animaríamos al disparate, pero probablemente poco estaríamos aprendiendo sobre esa temática. Lo que queremos decir es que cuidemos lo que proponemos, a veces algo tan simple se convierte en lo más complejo. Eso que hacíamos con una seguridad tremenda en la sala, se nos complica profundamente cuando dependen de la presencia de otro para que la realice. Y no alcanza o no corresponde que les contemos a las familias el enfoque de enseñanza de la lengua o la didáctica de la matemática de la escuela francesa, o la perspectiva sociohistórica del juego junto con la importancia de los diferentes modos de expresión o representación que los distintos lenguajes artísticos nos ofrece y que el movimiento y el desarrollo de la corporeidad es central en la infancia. A las familias no podemos darles consignas, tareas obligatorias a cumplir, les damos sugerencias e invitaciones. Y esas invitaciones pueden ser a jugar otras cosas que no sean solo la compra-venta (panadería, supermercado, el almacén del barrio, la tienda o en su versión más laxa la peluquería) o asociar el juego solo a cuestiones ligadas a la salud (jugamos al doctor, a la salita, al vacunatorio o en su versión más laxa a la veterinaria). Es díficil, los sabemos pero también sabemos que nuestro saber pedagógico es el apoyo para seguir construyendo buenas propuestas que sostengan el vínculo y esperarnos.


En la primera entrega hablamos del vínculo entre la familia y el jardín y, aquí, encontramos reavivado un fantasma inminente: los actos escolares y las efemérides; como si al no cantar el himno por un tiempo se pierda la nación que supimos construir. Entonces, armamos actos escolares virtuales, obligamos a las familias poner en la sobremesa la conversación sobre Belgrano, la bandera, o la junta patria del 25 de mayo o buscar disfraces de dama antigua, aguatero o congresales. ¿Será realmente lo que quisimos hacer? O es que la gramática escolar[1] no nos deja mirar la educación de otra forma o, reconocer que se aprende de diferentes maneras y en contextos diversos y entre ellos está la escuela.


Foto provista por una madre sobre la sugerencia de la maestra de 1° grado

para realizar actividades donde busca conjugar juego y matemática.


Nos encontramos en un momento único donde nuestros egresados del año pasado no han podido incorporarse completamente a la lógica de la escuela primaria y su tan ansiado 1° grado. ¿Y si articulamos ahora? Y la maestra de 1° grado y maestra de sala de 5 proponemos actividades juntas, con lo mejor del jardín -jugar, explorar y expresarse- con lo intrigante y lo nuevo de la escuela primaria. Lo que sucede nunca se da en el vacío, pero las redes de contención son diversas. En la tercera entrega esperamos correr el velo de la pedagogía para encontrar algunas explicaciones, analizar y pensar-nos desde las políticas pedagógicas que surgieron por la urgencia de “seguir educando”[3].


[1]Parafraseando, en sentido contrario, a Gardner cuando planteó “mente no escolarizada” para desarrollar sus críticas sobre el aprendizaje memorístico y despliega sus críticas sobre la teoría piagetiana y avance en el campo del desarrollo cognitivo infantil.


[2] Concepto acuñado por Tyack y Cuban (2001) para describir el conjunto de tradiciones y prácticas institucionales que incluyen normas, reglas y supuestos que se transmiten a lo largo del tiempo sin cuestionamiento alguno pero que constituyen y definen la enseñanza en los ámbitos escolares.

[3] “Seguimos educando” es el portal elaborado por el gobierno nacional de Argentina para acompañar la enseñanza y el aprendizaje de los distintos niveles educativos.

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