• Lotta

Feliz día de la maestra, dos puntos

Actualizado: may 27


Hoy es un día distinto; no sé, algo está por pasar. Ayer hubo movimientos extraños en la puerta de la escuela por esta cuestión del regalo del día del maestro; con tantas madres resolviendo quién había puesto plata y quién no, supongo que habrán llegado a alguna decisión. Para colmo, encima que no se ponían de acuerdo entre ellas, no dejaban de enviar mensajitos de whatsapp a las que no habían ido. Es que a algunas le parecía mucho lo que pedían; y a otras, no les parecía adecuado lo que querían comprar.

Yo creo que la maestra se merece lo mejor; ¿o acaso no llega religiosamente todas las mañanas, con su mejor cara y recibe todas las quejas, dudas y recomendaciones sin chistar?, ¿o acaso no se hace cargo de esta nueva infancia insatisfecha, que no para de reclamar y consumir a destajo?, ¿y ella?, ¿qué más puede darles?

Mirá…ahí entra… tan contenta, en su día, esperando que “los peques” le festejen. Aunque en realidad, ella espera “su gran noche”; para sacudir todos sus sentidos; para desacatarse entera y despojarse de la enseñanza y el aprendizaje; y mover el cuerpo hasta el cansancio y olvidar – aunque sea por un rato – la falta de recursos; el problema con el calefactor; aquellos padres que le reclaman la hebillita que perdió su hija; el plomero que no viene a arreglar la pérdida del baño; la planificación que no satisface a la directora; la cara de abulia de su compañera; los cordones de las zapatillas, la muda de ropa, los pises, las cacas; la leche que se cae; Pepito que muerde, Martita que llora.

Y el busto de Sarmiento que permanece inmutable a tanto cambio. A veces pienso en esas veinticinco maestras que trajo de Boston. Y ni qué hablar si miro el Reglamento de 1923 que anda dando vueltas por la internet. Que no podían casarse; que no podían andar en compañía de hombres; que no podían ir a las heladerías; que no podían fumar, ni tomar alcohol, ni salir de noche, ni teñirse el pelo, ni maquillarse, etc.

Bueno, en realidad, la maestra de mi nieta cumple a rajatablas con el reglamento. Porque está viviendo en concubinato con su novia, así que no se casó, ni anda en compañía de hombres; y se la pasan mirando series después de las ocho de la noche y haciendo delivery de helados, porque siempre dicen que “no tienen un mango para salir” y hay que ingeniárselas para pasarla bien; son veganas y no fuman ni toman alcohol. Tampoco se tiñen el pelo porque están en desacuerdo con el uso de productos químicos. Así que, de alguna manera, cumplen con gran parte del reglamento. A su manera, pero lo hacen. Porque a Sarmiento se lo respeta: con la espada, con la pluma y la palabra.

#roldocente

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